OPINIÓN Mes de la Minería, Tiempo para conversar de inclusión y diversidad

  • “Si bien algunas mujeres han logrado superar barreras de entrada incorporándose a la industria, no siempre dicho proceso ha sido acompañado de ‘inclusión social’, es decir, permanencia en condiciones de calidad y bienestar laboral”.

Por Pamela Caro M.
Directora del Centro de Investigación y Estudio en Familia, Trabajo y Ciudadanía (Cielo), Universidad Santo Tomás (UST).

Cada vez con más fuerza se plantea el desafío que la gran minería deje de ser una industria exclusivamente masculina, lo que ha llevado a desplegar esfuerzos, públicos como privados, por atraer mujeres.

Sin embargo, de acuerdo con datos de Sernageomin, las tasas del 2015 mantienen una participación promedio de mujeres que alcanza sólo al 7,9%, muy por debajo de otros países productores como Australia (15,8%) o Canadá (19,6%) (Consejo Minero, 2015).

Los registros documentan que las primeras mujeres que ingresaron a esta industria fueron ubicadas en labores administrativas y feminizadas, como secretarias o encargadas de alimentación (Salinas, Reyes, Romani y Ziede, 2010). La derogación de la prohibición del código del trabajo chileno para que las mujeres descendieran a minas subterráneas data de 1996, por lo que estamos en un proceso de cambio reciente.

Fondos

El centro CIELO de la UST, a través del proyecto FONDEF “Desarrollo de modelo de gestión integral para la inclusión sustentable de mujeres en industrias masculinizadas -la minería en Chile-, basado en sistema de alerta temprana de barreras de género y prototipo de intervención”, iniciado el 2017, busca abordar el problema de la inclusión laboral precaria o frágil que pudiese observarse en el caso de la gran minería en Chile.

Si bien algunas mujeres han logrado superar barreras de entrada incorporándose a la industria, no siempre dicho proceso ha sido acompañado de “inclusión social”, es decir, permanencia en condiciones de calidad y bienestar laboral.

Barreras

Sostenemos como hipótesis que las barreras culturales, endógenas a la organización (discriminación, débil corresponsabilidad e in/satisfacción laboral) y exógenas vinculadas a la sociedad (estereotipos, prejuicios y limitaciones al desarrollo de carrera) tienen un peso mayor para la inclusión sustentable de mujeres en industrias masculinizadas.

El proyecto aspira a proponer un modelo integral de gestión que incorpore a hombres y mujeres de distintas formaciones y niveles ocupacionales, favoreciendo el clima de la organización, así como la competitividad de las empresas.

El desafío es lograr que las mujeres en minería no sean las “invitadas de piedra”, sino que alcancen trayectorias laborales estables y vidas productivas similares a los hombres, y que puedan acceder a distintas ocupaciones y posiciones, incluyendo cargos de jerarquía.

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